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Después de su establecimiento definitivo en Barcelona, en febrero de 2005 se creó oficialmente Croxé en vista del éxito que se vislumbraba. Fue en esta época cuando Augusto se decantó por concentrarse en la dimensión comercial y logística de la empresa mientras que Daniela hizo lo propio por el diseño y la fabricación de las piezas.
El paso de sus creadores por tan variadas disciplinas formativas, así como por tan distintas ciudades y culturas intentando recoger algo singular de cada una de ellas, hacen que la forma de concebir hoy su oficio sea igualmente particular. Asimismo, les hace tener una visión diferenciada de su negocio, sus prioridades personales y profesionales y sus intereses futuros. Croxé se nutre de todo ello y sin duda es un sello único de la marca.
Desde que viven en Europa, Daniela y Augusto han tenido un afán incesante por conocer nuevas culturas y obtener nuevas influencias; han recorrido distintos países que les han permitido comprender la tradición y actualidad de la bisutería europea. Seguir la ruta del cristal, por ejemplo, les ha llevado a vivir una temporada en Venecia, conocer la República Checa o trabajar de cerca con cristales de Swarovski. Por su parte, la tradición de la bisutería española les ha llevado a profundizar en el conocimiento de Menorca en las Islas Baleares.
Por otra parte, la comercialización de sus productos ha empujado a los diseñadores de Croxé a conocer mercados variados que a su vez terminan introduciendo nuevas influencias en sus creaciones. Esa fascinante flexibilidad que otorga el conocimiento de otras latitudes se hace patente en las nuevas mezclas de colores y texturas que surgen a medida que recorren el mundo y descubren en persona nuevas estéticas y gustos.
“Este camino comporta tiempo y esfuerzo y en Croxé estamos dispuestos a dedicarlos. Estamos construyendo poco a poco el concepto de marca con el que hemos soñado: divertido y contestatario, que cuente historias y sea capaz de proponer nuevas relaciones entre la alta bisutería y los complementos con otros campos de la moda, el arte, la historia o la geografía.
No pretendemos vender nuestros productos en todos sitios. Sólo queremos hacerlo en aquellos donde tengan valor la creatividad, el trabajo, la calidad y la magia de unas piezas que se elaboran con gran esfuerzo desde su misma concepción.
Seguimos la moda, pero no hacemos piezas que pasen con el cambio de temporadas. Nuestras creaciones buscan ser atemporales y su calidad persigue que sean perdurables.
No queremos hacer piezas discretas o minimalistas. Nos gusta que llamen la atención, y que produzcan admiración por sus formas, volúmenes o colores. Por tanto, están pensadas para personas arriesgadas, sensibles y seguras de si mismas.
Poco a poco hemos logrado que nuestros clientes comprendan este posicionamiento y valoren el estilo de nuestras piezas, así como perciban su valor marcado por su alto nivel de elaboración, las materias primas que incorpora, su exclusividad y diseño, su forma y sitio de fabricación.
Con los años, y teniendo en cuenta nuestro espíritu inquieto y curioso, es probable que algunos de estos factores evolucionen y cambien, pero procuraremos siempre conservar el espíritu inicial que nos ha hecho embarcarnos en esta aventura: apasionarnos y divertirnos con lo que hacemos día a día de modo que cada pieza producida, por modesta que sea, lleve una pequeña parte de nosotros y de nuestras experiencias.”